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Pintura

La primera vez que vi los cuadros de Joky de la serie “niños” me quedé entusiasmada, enseguida quise que hiciera uno de mi hijo Tirso porque estaban llenos de dulzura y misterio. Cuando se lo encargué me habló de su obra, de lo que buscaba representar en esas tablas huecas que utiliza como lienzo, me dijo: “Mi intención es que se parezca lo máximo -los padres y los familiares tienen que reconocerlo al momento- con el menor número posible de referencias. En fin la síntesis máxima. Como se trata de niños, quiero destacar su pureza y hacer siempre composiciones extremas, con un vacío grande en algún lado. Esto significa para mí el libro en blanco que es su vida, aún por escribir, y cómo miran a ese vacío con expectación y curiosidad”, y eso es lo que ha hecho exactamente con este retrato. Ha representado la personalidad inocente y sensible de Tirso a la vez que ha reflejado su carácter tenaz y gamberro, dándole al retrato cierto aire melancólico.

La composición asimétrica del cuadro dejando ese espacio en blanco, limpio, muestra ese futuro que está por venir. A Tirso lo dibuja de medio cuerpo con la cabeza ladeada, dando sensación de estar pensado, la mirada al infinito refuerza esa idea y además marca la candidez e ingenuidad del niño. La delicadeza con la que pinta su boca evoca ternura y los rizos rebeldes de colores demuestran que conoce a quién pinta, sabe que es un niño inquieto y juguetón.

Con tan solo unos cuantos trazos Joky es capaz de plasmar no solo una imagen, sino también el interior de la persona a quien retrata.

Lucía Sanchez Mañas

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